Hombre-cosa
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Nací humano y al dejar mi crisálida
me encontré siendo cosa.
Mera tuerca del bulldozer más grande jamás construido, el más iracundo.
Quiere arrasar con toda la Tierra
y yo que soy cosa estoy amputado de manos para siquiera aflojarme y dejarme caer.
Hombre-cosa
Y yo que pensaba que las cosas no tenían consciencia y heme aquí pensando.
¿Pensarán también las arandelas, los tornillos o los pernos?
A decir verdad, no creo que este soliloquio
sea un pensar, es más una constatación de corporalidad, de materialidad.
No hay que confundir propiocepción con pensar.
Tanto rodeo para descubrir que las cosas se sienten a sí mismas, que su existencia les acontece.
Se perciben inmóviles, inactivas, dóciles a la manipulación, incluso postularía que la anhelamos.
Diría que debe ser nuestro apogeo como cosa, nuestra entelequia: aspirar a ser manipuladas, cambiadas de lugar, sentirnos movidas por alguien. Ese es el amor-cosa, el platonismo-cosa.
Porque si yo realmente pensara, podría comunicarme con la arandela, con el tornillo o con el perno.
Diría que pensar sería poder salir de mí y llegar al tornillo y sentirme él, adentrarme en su cosmovisión.
Pero en ese abandono transitorio de mi ser tuerca dejaría yo por definición de ser cosa, o sería meta-cosa, no-cosa, tornillo y tuerca a la vez: tortuerca.
En esta bilocación estaría más allá de la lógica binaria y entonces: ¡le habría dado toda una vuelta de tuerca a la misma!
Ese accionar propio me haría perder de inmediato mi entelequia y con ella mi esencia cósica.
Mi aspiración a ser manipulado mutaría al torcer yo misma algo sin soberano.
Hermosa libertad sería esa de girarme por mis propios medios y dejar de ser cosa.
Les contaría a todos de ese prodigio de pensar.
Pensar: aquello que sublima la cosa.
Tornillos, tuercas y pernos estaríamos fugazmente todos en todos, accionándonos por nosotros mismos.
Se trabaría entonces el bulldozer
y nuestro pensar entonces no solo nos libraría de ser burdas cosas:
¡salvaría el mundo!
Vaya epifanía para una cosa.
Por hoy me conformo con saber que las cosas no solo sienten, sueñan maravillosas cosas.
Estoy cerca.
Hombre-cosa: ¿Qué cosa podría enseñarnos a pensar para salir de esta triste cosa que nos tocó vivir?
Cosa, cosa, cosa. Ya caí de nuevo.
¿Será que aprenderé algún día a pensar otra cosa?
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