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Al Tiempo

  • fran4933
  • 17 nov 2024
  • 1 Min. de lectura

Actualizado: 28 oct

¡Oh Tiempo! Tú, único eterno y siempre mutante, donde todo mora y todo perece. Tu rugir depredará nuestra carne sin migaja de compasión, pero tu vientre perennemente en celo, no dejará nunca de engendrar el vigoroso río sin fin del futuro; de tu raudal brotarán como árboles verdes las almas venideras a pintar el bosque variopinto de la vida.


Y nosotros, tal vez bajo tierra, contemplaremos tu espléndida obra de arte con otros ojos. Quizás infiltrados en la noche entre el siseo de los arroyos, o escurriéndonos en medio de las ramas como el murmullo del viento, u orquestando la sinfonía a contrapunto de los grillos y las ranas que ornamentan tu selva virgen.


O quizás sobre el cielo, como polvo de estrellas, te orbitaremos Saturno, deslizándonos por tus dorados anillos en un bucle extático sin fin, impulsado y dirigido nuestro vuelo por las alas divinas del amor fraternal.

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