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Aqueronte y Átropos

  • fran4933
  • 31 oct
  • 1 Min. de lectura

A nadie engañas.

Tu corazón tiene ya la piel como pasa

aunque mucho intente teñirse sus canas

En maquillarse su rostro fracasa

Y es como lienzo de pincel con desgana.


¿Que manada de cuervos sobrevoló tu pueril cabeza?

Fueron tus sueños carroña para su pico

y te estercolaron un miasma que hizo de tus cabellos maleza,

de tus dientes colmillo y de tu boca un hocico.


Tal vez fue tu culpa por hacer de tus ojos mazmorras

y secuestrar los verdes confines en tu mirada verduga.

Ahora ya no hay santo que te socorra

Y tu peplo lanudo ya parece mortaja.


¿No extrañas en tus estepas aquellos estambres, golosinas de mariposa?

¡Tú jardín! Que era toda verbena y mística rosa…

¿Que lombrices te roen ahora que destilas solo olor de azucena?

Cuidá tu perfume, que se asoma fisgona la esfinge y su calavera.

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