Calíope
- fran4933
- 22 oct
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Actualizado: 28 oct
Me gusta verte en el horizonte
porque el sol poniente te sirve de altar.
Sobre esa marea de rojos
me fulguran diamantinos tus ojos,
aunque con la puesta los cierres para dormirte
en lugares lejanos y ocultos.
Y qué oscura la noche de tus párpados caídos.
Te busco como sátiro tras las huellas
de una ninfa furtiva en el bosque.
Entre la bruma de la floresta se me escapa tu cuerpo
de mis dedos ansiosos, y atrapo en mi puño solo
la estela nemorosa de tu paso fugaz.
Para que no sea vana mi persecución la inhalo fuerte
y mi corazón se torna incensario de tu aroma y silueta espectral.
La contengo hermética en mi ser para que se condense,
con el frío nocturno, en un plasma irisado de tu recuerdo agridulce.
La absorbo a través de mis poros para que sazone en el punto mi alma insulsa.
¿Será que nací solo para libar tu esencia a punta de sorbitos fantasmagóricos?
¿Nací solo para que tu belleza no pierda nunca su tono perlado?
¿Nací solo para atesorar el aspecto divino de tu existencia
que vos ni siquiera sospechas?
¡Ay! ¿Cómo saber si es bendición o maldición mi destino?
Ser el mecenas del dios que un tiempo primordial
te pintó con tan exquisitos colores; el curador vitalicio
de todas tus poses y gestos, los tiernos y los obscenos.
El enemigo del tiempo que con su filosa guadaña
te persigue para agrietarte la piel.
Diría que definitivamente es una bendición.
Al fin y al cabo soy palacio de una musa;
¿soy entonces poeta trágico?
¿No es poeta aquel que canta a la divinidad creadora?
¿Será entonces que tu belleza habita más en mis rincones
que en tu propio vestíbulo?
Así que no, no podría verte a los ojos de cerca. Y no quiero.
Vos debes permanecer en la lejanía del horizonte,
allá donde el calor del sol te infunde esa acogedora calidez estival.
No podría verte a los ojos y tocar tu figura.
Los placeres que yacen ardientes en tus pechos deflagrarían
en mi vientre, y, mis arterias, rebosadas de existencia
harían ascuas mi iluso corazón.
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