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Carta al miedo

  • fran4933
  • 28 oct
  • 2 Min. de lectura

Miedo, angustia, terror

¿También quisiste ser santísima trinidad?

¿Es que el ángel caído quiere siempre camuflarse de divinidad?

Así me persuadiste de dirigir a vos mis infantes plegarias.


Y mi fe fue creciendo al ver que siempre a mi llamado acudías.

Con tu presencia mi corazón se crispaba e iluso pensaba

que tus grilletes era insgnias de seguridad.

Pero hoy que clamo aire fresco y Campos Elíseos te esfumas

y en el Gólgota me has plantado, sin agua y en la oscuridad.


¿Cómo pasé por alto que era tu trinidad la del can Cerbero?

¿Por eso fuiste en nuestros albores tan amable y lisonjero?

Hoy por fin te mostrás como ruin carcelero,

pues sabés que invocarte es ya mi ritual certero.


Miedo, angustia, terror

¿Por qué no me sacrificas para acabar rápido el suplicio?

Tanto que plagiás y no sabés que fue lo que tu modelo en vida quiso.

Si tanto adulás a la muerte, ¿por qué le negás comida a su diente?


Ahí está justamente tu debilidad.

Ahí es donde tu velo cae y deja ver tu rostro agrietado y deforme:

la muerte a vos te ha mordido.

Se te ven las cicatrices de sus afilados colmillos.


¡Ya no te ocultés miedo!

Te desprecia la muerte porque por siglos las has encerrado

y de vos ya no acepta bocado.

Cuando le acercás tu mano te incrusta las garras

y hasta varios dedos te ha mutilado.

Y si de inanición no perece es porque es tu poderoso

padre, que en el Tártaro has torturado.


Pero de tu sangre se ha alimentado,

y en las épocas en que te deja lisiado,

auténticos feligreses a su mazmorra para nutrirlo han bajado

y se han dado cuenta que es de piel tersa y de rostro iluminado.


Miedo, angustia, terror

Sos un truhán y vil impostor.

En la horca te colgarán sin ningún pudor

Y yo veré con júbilo tu última mueca de horror.

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