El Señor y sus hormigas
- fran4933
- 28 oct.
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Hormigas intrusas cargan unas hojitas verdes diminutas
que flotan en el aire que inspiro de las frescas brisas vespertinas.
En molinos escondidos de mi pecho las trituran diligentes, pero
en la algarabía pican sus colonias los dedos de mi alma ya dormida.
Del letargo se despierta, llena de ronchas e irritada:
¡¿Qué es el alboroto, zompopas tan malcriadas?!
-No hay filoso aguijón en nuestra cara;
aramos el campo cuando el sol poniente nos visita la mirada.
-¿Cómo podría un veneno tan nocivo salir de mi propio sueño?-
pregunta, ojerosa y consternada.
-No podemos hablar. De estas tierras sos vos el absoluto dueño
y abonar los suelos nos fatiga mucho la quijada.-
Por la noche está mi alma paranoica con su piel muy inflamada.
Al ver que supuran y supuran sus lesiones una resina delicada,
grita: -¿Ven mis uñas de sus inmundas tierras todas embarradas?-
Responden tímidas: -Es lodo fértil, Señor terrateniente.
Tuyos serán los frutos de nuestra labor cansina.
Amasa con tus bruscos dedos la resina
y verás brotar una tintura roja permanente-
Al amanecer mi alma ensangrentada
tararea cantos tristes provenientes del olvido,
las obreras obedientes trabajan cautivadas,
y en mi corazón cantor su reina busca nido.
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