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Naufragio

  • fran4933
  • 22 oct
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 28 oct

Implacable el tedio de la vida que me

hace naufragar con tanta frecuencia en el piélago de mi propio ser.

Desolado en una isla de altamar me asalta la borrasca de mi alma

girando tenebrosa sobre su negro vórtice.


Y yo, marinero principiante, dejo que esas

ráfagas fustiguen mis velas y deshilachen mis vestiduras;

que agrieten mi piel y desequen mis labios.

Que mis venas al aire drenen su sangre opaca.

Que el sudor de mi esfuerzo caiga en diminutas

gotas engullidas al instante por inmensas olas.

Que mis quejidos ásperos salgan para que laceren

mis oídos mimados de falsa ternura.


Pobre novato marinero.

¿No entendés que nunca navegarás en bonanza

sobre tus aguas profundas?

Tu zarpado no escapa al ojo de Poesidón si es su

tridente el que leva tu ancla.


Pobre novato marinero.

¿No ves que tu tiempo se pronostica siempre brumoso?

En tu propia neblina confundes barlovento con sotavento,

pasado con presente y nunca sabes si recuerdas o alucinas;

si la costa es conocida o es alegre noticia;

si en la ribera acechan caníbales o es tierra segura.


Pobre novato marinero.

¿A qué puerto segura irá tu embarcación cuando tus

sentidos son así de torpes?

¿Cómo verás tu estrella polar si tus nubes grises

cargadas de lluvia ácida te corroen diariamente las córneas?


¡Ay marinero! Vas directo a las fauces de una orca depredadora.

Te deglutirá impasible y vos en su viente sentirás

por fin la desesperante angustia que has sido experto en evadir,

o más bien postergar. ¿En qué vacío caerá tu estómago de mirar alrededor

y no encontrar rostro de tus leales tripulantes?


Te ha llegado el día de la cicuta marinero.

Beberás del exudado amargo que emana de las entrañas de ese animal.

Solo te quedará la fe de que sea ese el licor con el que se

embriagan y brindan los veteranos de tus leyendas.


Ten fe marinero. En la noche oscura ten fe.

Tal vez te expulse ebrio de sus vísceras.

Y tus ojos desorbitados, apoyados ya en bastones, puntillearán

de estrellas el cielo nocturno que te aprisiona, y sentirás que

tomas por fin confiado el timón.


Felicidades ingenuo marinero.

Te fabulaste una estrella polar.

Lástima que ya estás en moribundo estado etílico;

sentirás las aguas de tu alma evaporarse y volverse cielo

de rojos tornasoles (¡No los veas infernales!). Y exclamarás en éxtasis:

¡Bendito seas delirium tremens!


Navega tranquilo veterano marinero.

Disfruta el canto del cisne que te embelesa el ocaso.

El maculado astro arcano de brazos lumínicos te espera

para acogerte maternalmente en ellos.









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